EUGENIO GONZÁLVEZ GARCÍA

Portavoz de Inmigración del Grupo Popular en la Comisión de Trabajo e Inmigración del Senado

El 30º aniversario de la Constitución

Cuarenta y un años tuvieron que esperar los españoles para poder votar en unas elecciones libres desde que lo hicieran el 16 de febrero de 1936. Fue el 15 de junio de 1977 cuando los ciudadanos tuvieron la oportunidad de volver a concurrir a las urnas, un momento histórico que supuso un paso de gigante en el camino hacia la democracia.

Aquella cita electoral abrió un periodo de ilusión y esperanza en todo el país que alcanzó su mayor expresión con la redacción de la Constitución. La Constitución se elaboró en medio de una transición difícil, con unos aparatos del Estado intactos y con una correlación de fuerzas precaria, que no aseguraba la irreversibilidad del proceso democrático. Con su redacción se deseaba estabilizar aquella frágil democracia, asegurando el soporte de la gran mayoría de la población al nuevo sistema democrático.

Aprobada por las Cortes Generales en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de1978 y sancionada por S.M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre del mismo año, la Constitución estableció una amplio catálogo de derechos y libertades, recogiendo que la soberanía nacional residía en el pueblo español, que la administración era un instrumento, una herramienta de la que el pueblo se dotaba a objeto de satisfacer sus necesidades y velar por la inalienabilidad de sus derechos; la Constitución instituyó también que la función del gobierno no era otra que la de ser un mero representante de ese pueblo, con el único cometido de impulsar, dinamizar, estimular las acciones de la administración para que su utilidad y servicio a los ciudadanos sea el mejor posible.

Pienso sinceramente que, si echamos la vista atrás y reflexionamos la evolución que ha vivido España gracias a la Constitución, descubriremos que el valor de nuestra Carta Magna es incalculable; sirva como reconocimiento de su importancia transcendental que hoy en día, muchos países en vías de desarrollo evocan su contenido para asegurar la calidad democrática de sus instituciones y para proclamar los anhelos de su sociedad. Treinta años después, en España es común encontrar una calle o plaza de la Constitución en la mayoría de las ciudades, incluso existe en Madrid el Monumento a la Constitución de 1978, ubicado en la Plaza San Juan de la Cruz, entre las calles de Vitrubio y Paseo de la Castellana; prueba evidente del aprecio y admiración que sienten varias generaciones de españoles por un documento que cambió la historia de nuestro país, ofreciéndonos un marco de reconciliación, una oportunidad de progreso, y, en resumidas cuentas, el periodo de estabilidad democrática más extenso y fructífero que ha tenido España.

(5/12/2008)

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